De ida y vuelta
Tengo que sentarme a escribir esto porque si no, mañana empieza la vida de nuevo y yo me quedo sin contarlo, y a veces siento que si no lo cuento lo voy a olvidar en un segundo y entonces no tendré a dónde regresar a recordar que sucedió y que fue así…
Ayer llegué de NY. Llegué a Guadalajara, a mi casa. Alicia me vio cuando apenas salía de la puerta del aeropuerto y se dejó venir, la cargué y no la solté hasta que tuve que subirla al carro. Nos dimos muchos besos y nos dijimos muchas “mumblerías” que nadie (ni nosotros) entendía pero que querían decir “te extrañé tanto” “estoy muy felíz de poder abrazarte otra vez” “qué bonita te ves en ese vestido de colores”.
Erick estaba por ahí, y nos dimos un beso, pero él sabe que Alicia y yo nos teníamos que abrazar por un buen rato. Él sí entiende las “mumblerías”.
Salí a NY el 20 de Abril de este año, 2013. Mis familiares y amigos más cercanos sufrieron junto conmigo la incertidumbre de si iba a lograr mi viaje o no. Resulta que cuando me avisaron que había ganado un apoyo y que me invitaban a tal ciudad yo no contaba ni con visa, ni con pasaporte, ni con IFE. Al final, todo lo saqué en una semana y con la ayuda de todos estos amigos y familiares. Algunos me prestaron sus tarjetas, otros me llenaron la maleta con ropa decente, otros me ayudaron a darle los últimos ajustes al trabajo que debíamos presentar allá, otros me ayudaron a comprar mi boleto de un día a otro, otros estuvieron al pendiente y ofrecieron la confianza y el consejo necesario. A la gente que me dice que tengo mucha suerte yo le respondo que más que suerte tengo excelentes amigos.
Al final, lo logré… llegué a NY.
El día de viaje hacia allá fue un desastre… perdí el vuelo de conexión por una fila de 4 horas en migración. Pero como le dije a la señora que me atendió cuando por fin fue mi turno: no me importan ni las 4 horas, ni el vuelo, ni nada… lo único que quiero es llegar. Y me sonrió mientras le ponía los sellos a los papeles con harta enjundia.
Yo había tenido sueños reincidentes. En la mayoría de ellos yo caminaba, de noche, por las calles… y admiraba los edificios. Siempre me daba cuenta de repente que estaba en ese lugar, en medio de una caminata, y decía: ¡ah, mira! ya volví, y me ponía muy felíz. Caminaba, entraba a un bar, me tomaba una cerveza, platicaba con mis amigos que se turnaban para acompañarme en cada sueño, deambulaba por aquí y por allá, me reía de las cosas bizarras con las que me encontraba, y siempre al final, sin falta… me despertaba.
Pensaba: ¿pues cuál es mi obsesión con esa ciudad? ¿qué quiero ir a hacer allá? a lo mejor tiene que ver con la forma en que me vine y con que no he podido volver, ni siquiera a Phoenix o a visitar a mis hermanas. No entendía, eran sueños que disfrutaba y odiaba de igual manera.
El sábado llegué tarde para caminar, no dejaba de pensar eso que uno piensa cuando viaja y en unas horas está en un lugar totalmente diferente, “estoy tomando una copita de vino adentro de un departamento que está en Nueva York”, pensaba. El domingo salimos y era algo muy extraño, me sentía exactamente igual que en mis sueños aquellos. Todo era surreal. Ese día comí la mejor hamburguesa que haya probado en mi vida (tenía que mencionarlo de alguna manera).
En fin, disfruté mucho los ocho días que estuve. Mucho trabajo, mucho ajetreo, mucha emoción. No paré de caminar, de hablar mal mi inglés, de reír, de asombrarme, de imitar en mi cabeza los acentos que me encontraba, no paré de llenarme y llenarme de cosas. Sólo paré una vez, un momento.
Caminaba con dos amigas por este parque nuevo que construyeron sobre lo que era una vía de tren antigua, en la zona que le llaman MeatPacking. Creo que ninguna de ellas había estado antes en Nueva York. Era un día nublado, y aunque nos habían aconsejado ir otro día que estuviera el sol presente, a mi me gustaba el frío y el viento, y la plática de las mujeres que me acompañaban. Llegamos a un punto desde donde podíamos ver el río (que la linda Boliviana reclamaba como mar), la estatua y los edificios al fondo. Ellas comenzaron a tomar fotos, mi teléfono (por suerte) no tenía batería. No tuve qué hacer, más que sentarme y observar. Ahí me asaltó una profunda sensación de algo que no sé bien cómo llamarle, pero algo como lo que los japoneses llaman “mono no aware”. Ahí me paré.
Hacía 7 años me había ido de Boston, una ciudad cercana a Nueva York. Había dejado muchos planes pendientes, muchas esperanzas también. Había recibido la peor noticia de mi vida y debía volver. Me hablaron a las 8 de la noche (creo) y a las 10 de la mañana del día siguiente ya estaba volando a México. Hace algunos meses, comencé a sentir que el ciclo que comenzó mi vida hace 7 años estaba por terminar, por cerrarse… o por romperse. Ahí sentada, observando algo tan inútil como una estatua en medio del agua y una hermosa línea de edificios marcando un atardecer de un día cualquiera, sentí que había terminado.
El domingo 28 salí de madrugada y agarré un taxi al aeropuerto. Me despedí de la ciudad, y se sintió muy bien despedirse. Agradecí todo lo que encontré en ella en esos días, sobre todo, seres humanos increíblemente generosos y hospitalarios. Me dormí profundamente en cuanto toqué el asiento y me desperté en Dallas. Fueron 6 horas de espera para conectar con el vuelo que me llevaría de vuelta a casa. Comí sola y felíz, le dejé todas mis moneditas y una postal de la película al mesero, caminé por todo el lugar, le di dos vueltas al aeropuerto por el skyline porque me gustó mucho la vista, me dormí en una silla muy incómoda y al final, me subí a otro avión.
En cuanto encontré mi asiento, el 26D, en el pasillo, escuché que el muchacho que iba en la ventana ya me estaba hablando. Yo no le había entendido, algo me preguntaba de la forma que había que llenar para migración, le expliqué y comenzamos a platicar. Se cambió al asiento de en medio y la segunda frase que me dijo fue: es que hace mucho que no voy a México, es una larga historia…. hoy en la madrugada me avisaron que murió mi papá, voy a despedirme. Se me hizo un nudo en la garganta, en el estómago, en la pinchi vida. Él comenzó a contarme poco a poco lo raro que se sentía con la idea de llegar a su pueblo y encontrar a su papá muerto, hablaba de él en presente y le llamaba Don Cuco. Decía que no había podido tener mejor relación con su papá, y que le había hablado el martes, y que el ya había sentido las ganas de volver… para visitarlos. Se murió de repente, me dijo. Él lloró y yo lloré, disimuladamente.
Si escribo esta escena en una película a todo el mundo le parecería sumamente forzada e increíble. Pero es así, como decimos, la vida supera a la ficción todo el tiempo… y las coincidencias… las coincidencias.
Al final del vuelo, me acompañó por mis maletas. Mientras las esperaba me dijo: consigue una planta que crezca hacia arriba y ponla en la entrada de tu casa, del lado izquierdo… verás. Yo le dije que lo haría, y le di las gracias. Le pedí que esperara, iba por mi maleta que ya venía en la banda. La recogí y para cuando me di la vuelta, Héctor (así se llamaba) ya se había ido.
Lo siguiente fue el abrazo de Alicia, el beso de Erick y Guadalajara.
Mañana voy a conseguir mi planta.

La foto es de Lorena Padilla, desde la ventana del departamento de Jesús y Adal, nuestros adorables anfitriones.
Este post está dedicado con mucho cariño a todos los que me ayudaron a lograr este viaje, y a lograr este ciclo. Los quiero y los tengo en mi corazón.
1:54 am • 30 Abril 2013 • 1 nota
Elena - um filme de Petra Costa: Meu encontro com Elena – através da generosidade de Petra
elenafilme-br:
Do blog Quando a Vida diz Adeus
Por Rodrigo Luz
(vice coordenador da organização Amigos Solidários na Dor do Luto - RJ)

Ser acompanhante e terapeuta de pessoas gravemente doentes e com escassas chances de cura é uma tarefa que elegi para a minha vida – e que me ajuda a construir um…
5:49 pm • 7 Abril 2013 • 4 notas
Quiero este libro.
Acabo de descubrir a Mary MacLane y nada, que quiero leer más.
9:05 pm • 24 Marzo 2013 • 1 nota
Nuestro acuerdo
Mira nomás, te me escapaste. Con todo lo que me quede debiéndote.
Este sol, la mañana y las plantas sedientas, siguen esperando tu hermoso ritual de cada día. Seguimos esperando verte ahí, a la orilla del pasillo, fumándote un cigarro y descansando tu mano en la cintura, como por fin disfrutando tu sueño cumplido.
Manos como las tuyas, sencillas, honestas, que trabajan por amor, dejan estos frutos enormes y apenas comenzando.
Tus manos, no conozco otras como esas.
Perdona estos cambios de ánimo, este de pronto llorar inconsolable, es que sólo podrían calmarme tus cariños necios en el dedo gordo.
Creí que los héroes eran inmortales. Supongo que me faltó tiempo para reconocerte humano. Para mí siempre fuiste algo más, no creí que ese tamaño de corazón fuera posible entre nosotros.
Te me escapaste con tu voz, que a veces sueño, y que desde niña me provocaba ese sentimiento que ni siquiera podía pronunciar: nostalgia.
Las canciones de Serrat y Sabina siempre sonaron mejor contigo, hasta las rancheras que te gustaba repetir con tus hermanas, aunque nunca pudieran terminarlas, pues las letras siguen perdiéndose en la memoria de otros tiempos.
Te me escapaste con tus botas y el momento en que llegabas y las cuatro corríamos y peleábamos por quitártelas. Era tan intenso el sentimiento de felicidad, de tenerte en casa otra vez. De alguna manera aseguraba que la noche vendría, pero que todo estaría bien.
Aquí nos quedamos nosotros y pasamos la noche entre tus crucigramas, tus porciones de chocolate, tus camisas y tu olor. No te preocupes, la noche pasó, y el día despertó con Creedence y con Diego corriendo entre tus árboles. El azahar nos llenó los pulmones y es difícil atreverse a llorar, pues todavía nos llega tu risa desde algún lugar.
Papá, alguien rompió por fin tu rutina, y nunca había dolido tanto cambiar los planes. Pero recuerdo cuando sacándome una astilla de mi mano cuando tenía 8 años y mucho miedo, me dijiste:
“Tienes que ser valiente, no te prometo que no va a doler, pero te prometo que va a pasar, y cuando pase, te llevo a los go-cars”.
Te me escapas entre aviones y aeropuertos. Despego, me asomo a las nubes y te suplico: por favor, échate uno de tus chistes, de esos simplones que algunas veces ni siquiera entendíamos pero igual nos reíamos porque era la mejor fotografía, verte reír.
Invéntate uno sobre este día y susúrralo a las cinco en el oído. Haznos fingir la risa y despídete con un trato.
Vamos a hacer de cuenta que te fuiste en un globo a la isla en Italia donde vivió Pablo Neruda y que desde allá escribes un libro con palabras que todavía no podemos comprender.
Y sueltas sus páginas al viento para que un día, al seguir tus pasos, podamos por fin encontrarlas.
23 de Marzo de 2006
*Esta carta fue escrita el 22/23 de Marzo del 2006, viajando de avión en avión, de Boston a Hermosillo, para decirle adiós a mi papá. Hoy, a 7 años la comparto, recordando con intención de celebrar que aún con toda esta ausencia, seguimos en contacto.

En la foto: mi papá a la derecha, yo a la izquierda, hace muchos años.
2:39 pm • 22 Marzo 2013 • 1 nota
“I must express myself or lose myself or break”
— Mary MacLane
8:34 pm • 17 Marzo 2013 • 1 nota
El guardador de rebaños
Desde la ventana más alta de mi casa,
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ése es el destino de los versos.
Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede esconder el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.
He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
y yo siento pena sin querer,
igual que un dolor en el cuerpo.
¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?
Flor, me cogió el destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.
¡Idos, idos de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la
que fue suya.
Paso y me quedo, como el Universo.
De heterónimo Alberto Caeiro / Fernando Pessoa
6:37 pm • 17 Marzo 2013 • 1 nota
Buenos días, Marzo.
Soñé contigo. Clarito, el sueño. De esos que parecen la vida.
Estábamos en la casa de la Monterrey. Siempre me ha parecido extraño como cosas como esa, estar en una casa vieja en la cuál dejamos de vivir hace más de 10 años, en un sueño, las sentimos totalmente normales y cotidianas. Seguimos pensando que estamos viviendo cuando hay pistas tan evidentes de que eso no es la realidad.
Estabas sentado en tu cuarto, en una mesa, frente a una computadora. Como si nada. Mi mamá en la cocina, te preparaba un café. Como si nada. Yo, de lejos, te observaba.
Le dije a mi hermana: ¡pero es imposible! él esta muerto. Mi hermana me contestó: ¿y qué tiene? volvió, ¿no quieres ir a hablarle?
Yo tenía el ceño fruncido, lo sentía en el sueño.
Me acerqué. Tenías problemas técnicos con la computadora, algo no funcionaba. Tu también fruncías el ceño y buscabas algo a tus costados. Tenías bigote y traías puestos tus lentes. Actuabas como si nos hubiéramos visto ayer, como si todos estos años hubieras estado congelado en el tiempo. Yo no quise abrumarte y nada más te di un beso y te vi a los ojos. Tu sonreíste, yo también.
Salí del cuarto. Yo pensaba: no vayas, no lo veas, esto va a resultar ser un sueño. Me quedaba en el umbral de la puerta, pero llegaba mi hermana y me decía: no es un sueño, ve. Me asomé de nuevo. Estabas tendido en la cama, leyendo, como siempre… o haciendo un crucigrama, como siempre. Yo salté y me acosté a tu lado, te abracé y nos quedamos ahí, viendo el crucigrama. El ruido de la televisión a lo lejos, el olor a café recién hecho, mi mamá platicando con alguna de mis hermanas, la palabra onomatopeya en el 12 vertical…. hasta que de verdad creí que vivíamos ese momento.
Entonces, desperté.
“The Ocean breathes salty, won’t you carry it in? In your head, in your mouth, in your soul. The more we move ahead the more we’re stuck in rewind”
- Modest Mouse
11:28 am • 1 Marzo 2013 • 2 notas
Conociendo mi propia máquina del tiempo
De pronto me urge escribir todo lo que he aprendido trabajando en este documental. Hoy tuve una plática con un gran amigo y colaborador, de esas que se vuelven significativas de repente, a las 2 de la tarde de un miércoles. Me gusta la estructura de las pláticas que tengo con K. porque estamos hablando de esto, pero luego el comenta algo que nos lleva por allá a hablar de esto otro que vincula con aquello y que nos hace volver. Eso sí, siempre volvemos. Y así, mientras mezclábamos los temas, entre clips de su todavía-horneándose película, yo pensaba y sentía muchas cosas. Una de ellas, la que se quedó un poquito más en mi mente (y lo digo porque estoy escribiendo sobre eso y no sobre las otras) es que no soy la misma que empezó a querer hacer un documental hace 3 años. He aprendido cosas tan verdaderas, de esas que cuesta aceptar. De mí y de mi forma de trabajar, de mi tendencia a sobre analizar todo, a causa de la incurable inseguridad de que no soy capaz de decir lo que quiero decir simplemente diciéndolo (no sé si me explique, no quiero que esto suene a una pachecada). Pero cosas como las que acabo de hacer, “no quiero que esto suene como una pachecada”. Demasiado control, necesito soltar.
Confiar en que eso que veo puedo captarlo con una cámara y después unirlo a otras cosas captadas y así construir algo, no sé qué, pero algo que sea un puente… una máquina del tiempo. Lo que sentí yo allá, atrás… entregártelo, ahora.
Amo las películas por ser eso.
He aprendido que el peor error cometido es haber creído que sabía de lo que hablaba y haber creído saber quién era aquél al que filmaba (o grababa, pues). Debo ser lo suficientemente humilde como para mandar el miedo a la nada y aceptar a cada momento, pero literal, a cada minuto, aceptar que no tengo idea de quién es aquella persona, pero que la estoy viviendo y si fui lo suficientemente valiente, la estoy filmando, y esa persona está ahí… en el material. No tengo que describirla, mucho menos pedirle a la persona que se describa.
Lo hermoso que es revisar el material. Viajar.
Estoy siendo cursi otra vez. Fuck it.
Confiar más en los instintos. Que cuando todo el mundo me diga que así es como se hacen las cosas, en este caso las películas, debo darme un tiempo para pensarlo, porque tal vez yo necesite hacerlo diferente, o tal vez esta película necesita hacerse diferente. Y esto pesa mucho cuando es la primera vez, cuando no hay experiencia, porque crees que si no lo haces del modo más conocido en que debe hacerse, algo saldrá mal y entonces no estarás haciendo bien tu trabajo. Ya no creo en eso.
Puedo durar años persiguiendo mi cola buscando caber en una forma definida. Al carajo con las formas.
Tengo la tendencia a terminarlo todo con una moraleja o conclusión. Le atribuyo esto a la costumbre que mi papá tenía de leerme cada noche la historia correspondiente a la sección de “Héroes entre nosotros”, de la Selecciones. Ya no quiero hacerlo.
El juicio es el mayor estorbo.
Debo escribir menos (sobre lo que voy a grabar) y grabar más.
Debo escribir mucho más justo después de grabar. Una bitácora actualizada diariamente durante el rodaje, ayuda mucho frente al monitor, unos meses (o años) después.
Adentro están todas las herramientas que necesito.
Hay que rodearse de gente que no quiere hacer otra cosa que lo mejor, de todo lo que hacen.
Honestidad ante todo, y sobre todo, en el refugio de la soledad.
Hay que saber cuando guardar la cámara y disfrutar a los grandes amigos que después, en la sala de edición, se convertirán en personajes de una película.
Lo que no nos dicen es siempre, o casi siempre, lo más importante.
La duda es la mejor compañera.
Ahí voy, poco a poco… seguro este texto tendrá continuación. Así que.
Continuará…
1:55 am • 21 Febrero 2013 • 1 nota
Hoy toca vomitada de pensamientos
Hoy estuve pensando. Que los niños de 5 años o menos viven totalmente en el presente, son los únicos seres humanos que conozco que pueden hacer eso todo el tiempo. Todo el tiempo. Por eso el berrinche porque la paleta se les cayó en plena calle lo sienten tan intenso, porque para ellos nada más pasa. Y ahí vamos nosotros a decirles que no es para tanto, que luego les compraremos otro, que no es razón para llorar.
Cuando juego con Alicia es el mayor reto y lo que más me gusta. Estar. Ahí.
Luego pienso que es curioso que esa etapa, del nacer a los 5 años que es cuando todavía no tenemos conciencia del pasado y del futuro, es en la mayoría de nosotros, de la cual guardamos menos recuerdos. ¿Será que como todavía en ese momento de nuestras vidas no le hayamos el caso a recordar, no hemos ejercitado la memoria y ésta se encuentra dormidota sin guardar registro de nada? o ¿simplemente serán los años y el olvido normal?
Y cuando pienso en eso se viene a mi mente la película de Waking Life, la conversación entre dos mujeres que dicen que cada 7 años nuestras células han sido reemplazadas por nuevas, todas, y que entonces se supone que cada 7 años somos otras personas y que es por medio de las fotos (y los videos) que podemos reconectar y decir: esta soy yo a los 5 años en mi fiesta de transformers de la cual no tengo absolutamente ningún recuerdo.
¿Será que comenzamos a guardar o archivar recuerdos cuando le encontramos una función a recordar?
Entonces hoy pasé por una banqueta donde hay una barda con barrotes y pensé:
Tocar barrotes mientras caminas es una confirmación (reafirmación?) del presente.
Recordando también todas estas conversaciones y teorías existentes que dicen que en realidad el presente no existe porque incluso cuando yo estoy escribiendo estas letras ya hace un mini rato de que mi cerebro las pensó, organizó y le mandó el mensaje a mis dedos, etc., etc.
Si en el momento en que escucho el barrote yo puedo decir: ¡ah! el barrote sí existe y mi mano también porque escuché el sonido del momento en que lo toqué. Puedo sostener el presente, quiero sostener el presente.
Pensé entonces en el cine y que, por lo menos yo, es todo lo que trato de hacer cuando grabo. Que ese presente mío que ahora es mi pasado, en la pantalla se volverá el presente del que está viendo la película o algo así.
Re significar, reafirmar (o confirmar?) el presente (o la existencia?).
Resonar.
Y entonces viene este increíble video de una chica músico-matemática que nos explica el tiempo y el espacio:
http://youtu.be/WkmPDOq2WfA
Somos esa tirita de Moebius.
11:49 pm • 14 Febrero 2013 • 1 nota
Abuela Alicia
Ya te fuiste, pensé… y sopló el viento.
Te acabo de ver, hace unos días, y platicamos. ¿Te acuerdas ahora?
Casi no estuve en la casa, pero una tarde llovió y las cámaras se tuvieron que guardar, dejé de trabajar y me fui a San Pedro. Platicamos en la sala, con la lluvia afuera. Yo te daba una galleta Chips Ahoy, estabas encantada. Tu decías cosas, pero yo ya no entendía las palabras. Sólo sé que te vi como niña, muy peinada y con chapetes…. tal como te gustaba.
Es curioso que comencé a conocerte realmente cuando enfermaste. Todo ese tiempo que pensabas eras de nuevo una jovencita en Sahuaripa, y me pedías que arreglara tu cabello para el baile, y me contabas de las serenatas y los pretendientes, y llorabas a veces pensando en tu madrastra. Platicamos mucho en ese tiempo, y yo sentí que por fin te conocía. Luego volví y las palabras ya se confundían, las frases ya no podían concluirse y tu te mostrabas un poco angustiada por esto. De ahí todo avanzó rápido y cada día te fuiste volviendo más niña. Cantabas, llorabas y aplaudías en medio del inmenso mar de la memoria.
Me hubiera gustado conocerte de otra forma, pero me dio mucho gusto conocerte al fin. Aprendí cosas de ti que me ayudaron a aprender cosas de mi. Me voy a pintar más seguido los labios y me voy a poner tus aretes. Que suene Flores Negras en mi casa y yo imaginarte cantando. Toda una mujer.
Desde acá una reverencia. Que tengas buen regreso. Espero honrar tu vida con la mía, abuela.
Tu nieta, muy cerca de tu bisnieta,
Carolina

12:39 pm • 14 Febrero 2013
20 orgullos.
Hoy celebramos 3 años desde aquél día en el bosque, cuando nos casamos. Por ninguna ley más que la nuestra, pero nos casamos. Hay algunas cosas de las que me siento muy orgullosa y quisiera mencionarlas:
1. Que nos casamos en el bosque y nuestra boda fue un desastre pero nosotros no paramos de sonreír.
2. Que no funcionó en nosotros eso de volvernos la misma carne, la misma alma, el mismo ser. Que gracias a nuestro esfuerzo seguimos siendo cada uno, por separado, con todas nuestras grandes diferencias. Seguimos siendo uno y uno, dos.
3. Que cuando supimos que no debíamos estar juntos, cada quién se fue a estar solo, hasta que nos resolvimos.
4. Que cuando supimos que lo habíamos resuelto y que queríamos volver a compartir la casa y la vida, nos tomamos unas cheves y ya.
5. Que seguimos teniendo pláticas hasta las 4 a.m. (bueno, hasta las 2 a.m.).
6. Que nos hemos apoyado, aún cuando es un día en que el otro nos parece totalmente insoportable.
7. Que no somos perfectos, pero somos reales.
8. Que no le hemos mentido a nuestra hija, nunca. (Santaclós no cuenta).
9. Que podemos cambiar de lados de cama cada que uno de los dos hace la petición.
10. Que hemos aprendido a ignorarnos y a atendernos en el momento justo.
11. Que somos un gran experimento.
12. Que yo he aprendido a acampar y tu has aprendido a decir “no sé”.
13. Que hemos vivido en la misma casa, sin mudarnos, por 2 años y medio.
14. Que no nos han cortado la luz desde hace 6 meses.
15. Que si a uno se le pierden las llaves, el otro las tiene.
16. Que tu has aprendido a pedir mis hot-dogs y hamburguesas sin tomate y yo he aprendido que no te importan las fechas y que la forma que más utilizas para demostrar tu amor es molestando.
17. Que nunca hemos tenido un carro y eso no nos ha impedido viajar a diario.
18. Que el dinero nunca será más importante que el hecho de estar en el mismo equipo.
19. Que los dos, actualmente, tenemos identificaciones oficiales.
20. Que nos seguimos sintiendo adolescentes, y aceptamos que así nos vamos a sentir por siempre. Rock and roll.
Por esto y muchas cosas más… gracias, viejo. Es un honor ser tu compañera.
11:18 am • 13 Febrero 2013 • 3 notas